
- cap.CXXXII
"Porque yo los volvía sensibles a la muerte. Sin lamentarlo por otra parte. Porque igualmente eran sensibles a la vida. Mas si yo estableciera en tu casa el derecho de primogenitura encontrarías más razones, es verdad, de odiar; pero al mismo tiempo de amar y llorar a tu hermano. Aun cuando fuera él quien por mi ley te frustraba. Porque así muere el hermano mayor, el que tiene un sentido, el responsable, el guía, y el polo de la tribu. Y él, si tú murieras, llorará su oveja, aquel que él ayudaba, aquel que le placía amar, aquél a quien aconsejaba bajo la lámpara nocturna. Pero si os hago, al uno respecto al otro, iguales y libres. Nada cambiará por la muerte y no os lloraréis. Lo he observado muy bien en mis guerreros durante el combate. Tu camarada muere, y, sin embargo, nada ha cambiado demasiado. En el mismo instante es reemplazado por otro. Y denominas dignidad de soldado, sacrificio consentido, nobleza masculina, a tu reserva ante la muerte. Y a tu rechazo de las lágrimas. Mas a riesgo de escandalizarte te diré: No lloras porque no tienes motivo para llorar. Porque de aquel que ha muerto no sabes que está muerto. Tal vez morirá más adelante, cuando llegue la paz. Hoy habrá siempre otro a tu izquierda y a tu derecha, disponiendo sus fusiles. No tienes tiempo para preguntar al hombre lo que era capaz de dar por sí solo. Igual que esa protección de tu hermano mayor. Porque lo que uno daba, lo dará el otro. Las bolas que están en un saco no lloran la ausencia de una de ellas, porque el saco está repleto de bolas semejantes. Del que muere dices simplemente: "No tengo tiempo..., morirá más adelante." Pero no morirá más, porque una vez que ha terminado la guerra, también se dispersarán los vivos. Igualmente se deshará la figura que formabais. Vivos y muertos, os asemejaréis. Los ausentes serán como muertos, y los muertos como ausentes. Pero si pertenecéis a un árbol, cada uno depende de todos, y todos de cada uno. Y si uno se va, lloraréis. Porque si os sometéis a una figura, existe entre vosotros jerarquías. Entonces, se muestra la importancia que tiene uno para el otro. Porque si no existe jerarquía, no existen hermanos. Y siempre he oído decir "mi hermano", cuando existía alguna dependencia. Y no deseo endureceros el corazón para enfrentar la muerte. Porque no se trata de endureceros contra una debilidad humillante como sería el miedo a la sangre o el temor a los golpes, endurecimiento que os haría crecer, sino que se trata de soportar menos duramente la muerte, porque morirían menos cosas. Y por cierto, cuanto más magra sea en vuestro corazón la provisión de nuestro hermano, menos lloraréis su muerte. Yo deseo enriqueceros para que vuestro hermano halle eco en vosotros. Y para que vuestro amor, si amáis, sea el descubrimiento de un imperio y no el celo del macho cabrío. Porque, por cierto, el macho cabrío no llora. Pero si ella, la que amáis, muere os sentiréis como desterrados. Y el que afirma que acepta su muerte como un hombre, revela que pertenecía a un rebaño. Y a su vez ella aceptará la muerte de él como la de un rebaño, y dirá: "Es bueno que los hombres mueran en la guerra..." Pero yo quiero que muráis en la guerra. Porque, ¿quién ha de amar, sino el guerrero? Pero no quiero que degradéis vuestros tesoros por cobardía, por deseo de lamentar menos. Porque entonces morirá un sombrío autómata que nada sacrifica al imperio. Yo exijo que se me dé lo mejor. Porque sólo entonces seréis grandes. Luego, no se trata de pediros que despreciéis la vida, sino de hacérosla amar. Y también de haceros amar la muerte, si ella es precio del imperio. Porque nada se opone. El amor de Dios os aumenta el amor por el imperio. El amor del imperio, el del dominio. El del dominio, el amor de la esposa. Y el amor de la esposa el amor de la simple bandeja de plata que al lado de ella es té, luego del amor. Pero como os muestro una muerte desgarrante, quiero al mismo tiempo consolaros. Por eso he inventado esta plegaria para aquellos que lloran: ...."
" Ciudadela " - Antoine de Saint-Exupery (fragmento)

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